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Mi Perfil
Alejandro Bravo
Buenos Aires - Argentina


Los distintos son artistas; no lo soy y, sí, algunos me tachan de diferente. Por analogía, quizás también escriba diferente.

Te invito a preguntar, opinar, criticar o lo que se te ocurra...





Decir “soy diferente” suena a necesidad de diferenciarse del resto. Prefiero decir que el mundo me acusa de diferente.

Luego de pensarlo mucho, he decidido presentarme a través de lo que surge espontáneamente. Lo hago, a sabiendas de que corro el riego de defraudar a unos y otros... pues, a los sintonicen con lo que diré en “Los ojos detrás de los ojos” quizás no les guste lo otro mucho que llevo escrito. Por el contrario, quienes piensen que mi obra sigue este único derrotero, quizás huyan y me priven de compartir – con todos – los anticipos de las novelas que figuran en: “Barajando Historias.”

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Últimos comentarios de este Blog

18/02/10 | 01:22: Alejandro dice:
Me alegro de saber que has regresado, espero que la hayas pasado bien en tus vacaciones. Extrañaba tus votos. Gracias.
15/01/10 | 02:47: Mónica Lorenne dice:
Ale Bravo! VERDAD que eres Bravo!y Me impactaste! con este escrito extensoooo! casi infernal! por contenido, entre realidades,fantasías y estados ,creo que tendré que regresar más fresca para releerlo, con un matecito de por medio. El final,sin revelar secretos! Hablas del Quechua? Besis y siempre luz en tu vida(Den cuerpo a la Luz).
13/01/10 | 10:02: EQUIPO LOS 11 - TALLER INTERNACIONAL DE LAS PALABRAS dice:
Estimado Alejandro. En realidad no entendimos bien lo que solicita en nuestro. Creemos se debe a que se usa el mismo lenguaje exresar entimientos que para solicitar. De lo que si puede estar seguro esque si cree que podemos hacer algo en equipo aqui estamos. Buena semana. Grupo de los 11 del TIDLP Estamos en 1 ABC del Escribir y www.tidlpargentina.blogspot.com
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¿LOS LOCOS SON DISTINTOS O DIFERENTES?



 

¿Qué es estar o volverse loco? No lo sé... Sí, que si la conducta humana es cordura, prefiero ciertas formas de locura.

 

UN LOCO AL AGUA

 

 

Las paredes grises del hospicio están manchadas, cada mancha es un desconsuelo por el encierro y el loco quiere huir. Sólo lo retiene la presencia del enfermero y dice – Espérame aquí. No he de tardar. Y cuando regrese te voy a contar que vi. 

    El enfermero lo ve andar por el cuato-celda como buscando. El loco recorre las paredes grises con sus manos y se detiene frente a la reja de la ventana; afuera llueve y en los ojos del loco surgen nubes. El tiempo pasa, el silencio es profundo y el loco está estático. El enfermero siente sueño; quizás el loco se quede así, con la mirada en la lluvia, con las nubes en los ojos; así hasta que el día despierte sin que haya dicho nada.

    Un sonido como de campana pequeña despierta al enfermero. El loco una y otra vez saca afuera el plato de metal en que trata de recoger la lluvia. Pero, cada vez, al intentar ingresarlo por entre medio de los barrotes el agua se vuelca. El enfermero se da cuenta y se le acerca con una taza. El loco la toma y sin siquiera mirarlo se dedica a llenarla de lluvia. Una vez logrado su propósito se dirige al camastro con la taza en una mano y en la otra el plato vacío. Deposita el plato sobre la cabecera de la cama y en ese vuelca el contenido de la taza. Lo hace con tanta precisión que el plato queda a rebalsar. Luego busca un resto de la servilleta de papel que le trajo el enfermero y corta un pedazo. Hace un bollito y lo pone sobre el agua.

    El loco se arrodilla y desde esa posición observa que la superficie del agua ha llegado hasta el borde del plato y al resistirse a irse es la parte superior de una gota. Sonríe satisfecho y mientras simula peinarse con sumo cuidado se sienta en la cama y desde lo alto ve que el agua acusa el nimio movimiento. El loco se mira en el espejo de la lluvia y libera las nubes de sus ojos.

    El enfermero se pregunta ¿qué está haciendo?

    El loco se incorpora; quita el plato y lo pone en el suelo. Corre la cama y con sumo cuidado lo vuelve a poner donde antes lo había puesto.

    El enfermero no sólo está intrigado, también asombrado... ni una gota se ha escapado de un plato lleno hasta el límite de sus bordes.

    El loco camina alrededor del camastro hamacando el cuerpo como si acompañase el movimiento de olas.

    El loco se detiene detrás de la cabecera de la cama y recostándose en el respaldo enlaza sus brazos en los caños con que lo han construido; desde allí observa el agua. Sonríe y sopla. Su aliento llega suave hasta el bollito de papel y lo mece. El loco, sin desprenderse del respaldo, inclina el torso hasta que su rostro se refleja en la lluvia del plato.

    El loco comienza a hablar y el enfermero se dice “Está aquí, pero se ve allá”. Y se prepara a escuchar un relato donde, el que cuenta hablará de lo que sueña como si del soñar de otro se tratara...       

 

 

El sol y el viento juegan con los vellones blancos una partida divertida. Cuando el sol consigue dispersarlos, el viento los junta.

    Él le permite a su mirar recorrer la superficie del agua. Las pupilas se fijan en la cresta de una ola de sedienta y blanca espuma, que absorbe un rayo de sol. Con el alma abandona la borda del buque; mientras, con el cuerpo, queda retenido a los brazos de la baranda enlazados a las manos que la toman.

    Los ojos ven al alma seguir a un grupo de mamíferos acuáticos. Los cuerpos ahusados cosen la superficie del agua y, en la tela transparente de las olas, se dibujan a sí mismos como gráciles gacelas. Siente que su espíritu se transforma en un delfín plateado. Desea sumarse a los grandes saltos que dan sus, ahora, congéneres; y, al querer no puede, recién entonces entiende el despropósito de estar detenido allí.

 

La mente se hace eco de las risas del agua. Le provoca alegría ver a su elegido caer de plano sobre el agua con su cuerpo enorme y plateado. Ahí, la mente cae en la tentación..., se aleja del barco para incorporarse al cetáceo y lo alcanza en el mismo acto en que se sumerge; cuando metros más adelante reaparece, sus pensamientos ya están integrados al delfín que lleva su alma.

    Ahora, es un niño que nada en el agua como en la infancia real corría en la plaza de sus juegos. Tanto es el entusiasmo por el disfrute, que se aleja raudamente de la embarcación. Atrás quedan aquellos a quienes ha copiado. Ellos juntan sus voces en un largo silbido; los sonidos se trasladan por el agua con las ondas cortas y largas que, al alcanzarlo, lo llaman hermano y lo invitan a unírseles. Él regresa a impulso de la potencia de la cola; su avance, con la aleta dorsal cortando la superficie, es una fiesta de pequeñas olas coronadas de espuma.

    Los delfines son niños que danzan en ronda; cantan y le dicen al cuerpo, sujeto al metal del barco, que se alejarán por un tiempo. Antes de partir, unen sus voces en un hipnótico stabat mater de sirena.

    Es el único en no hundirse en el agua; está atrapado por su imagen de hombre que lo reclama desde la cubierta del buque. Desde lo hondo llegan sueños que, convertidos en rizos musicales, en su trasladarse, pulen los cristales de sal disueltos en el mar agregando riqueza al mensaje que le destinan los moradores del océano. Aunque intenta no logra descifrarlo; entonces, rompe la cadena con que el cuerpo lo ata y se va en busca de sus, ahora y por siempre, espejos. Recuerda sus extremidades de hombre y siente vergüenza propia ante el vigor de la cola de delfín. Con ella se impulsa por aguas que – al descender – se tornan cada vez más oscuras. El sol llega al cenit y se transforma en la flecha de luz que alumbra la planicie submarina, en la cual los cetáceos se han detenido a esperarlo.

 

 

(El enfermero está atento. Las palabras del loco son imágenes que él disfruta; siente como si lo estuviera acompañado).

 

 

Los delfines lo están invitando... Al acercarse, en la arena ve las conchas abiertas que brillan como nacaradas joyas; un bosque de coral rosáceo enmarca la escena en que sus ojos se atascan.

    En un pobre camastro yace un hombre muerto y sus carnes están en avanzado estado de putrefacción. A su lado, tomando su mano quieta, se halla la bella mujer cuyos largos cabellos danzan con el agua.

    Los delfines giran alrededor de la insólita pareja. Los silbidos atraen a un mundo traslúcido de medusas que con el roce de sus tentáculos, rematados en puntas rojas y azules, despiertan los ojos de la mujer. Ella lo mira, habla y la palabra se convierte en el nombre que protegido por una burbuja viaja hasta él y, cuando estalla, descubre que lo llamó Jesús. Él dice algo, no sabe qué es; sin embargo, los delfines lo toman y lo depositan en la tumba/lecho. La mujer acuna la pompa entre los senos y segundos después, de ahí, escapa la frase...

-¡Lázaro! ¡Levántate y anda!

    Lázaro abre sus ojos nuevos y con esfuerzo se incorpora. Las carnes son jirones terrosos que el agua se lleva; el esqueleto toma a préstamo la esencia del océano y se cubre de amor; convertido en delfín azul, besa a María y ella se transforma en una joven y bella delfín dorada. Ambos, se unen al grupo y todos juntos siguen camino.

    Viajan entre las sombras; en la oscuridad profunda e insondable del océano, la densidad de la noche los posee y enlentecen sus movimientos en busca de adaptarse a una mayor presión. Él está perdido, mas los delfines no lo abandonan y, los sonidos emitidos por sus congéneres, lo guían y reconfortan; entonces, recién puede continuar el descenso.

    La oscuridad estalla...; es la gloria del día festejando, con luces, el llegar de los visitantes. Son miles los peces alinternados que alumbran el fondo de la grieta oceánica.

    La boca abierta de la gruta los llama, con armoniosos cantos de suaves entretonos los invita a pasar. Ingresan y a poco de andar están en un mundo distinto, difícil de imaginar por su belleza y tamaño. La caverna es un universo en sí misma; en lo alto de su bóveda celeste brilla la luminaria que le da vida y calor; en el centro, se destaca un gigantesco trono dorado cuya base se pierde en las fosforescentes aguas de un lago interno. Allí juegan las Nereidas, vestidas en algas, desnudas en inocencias.

    Las féminas los saludan con alborozo; los delfines les hablan, requiriéndoles una presencia y ellas les responden cantando.

    Él, por detrás de las nereidas, descubre un sector de dolorosa oscuridad. Al forzar los ojos ve que inmensas energías se mueven tras un cristal y parecen girar como remolinos que atrapan constelaciones. De repente, la malla traslúcida se hincha y al rasgarse cae una lluvia de estrellas anunciando una llegada...

    El gigantesco Ser es majestuoso y de sus luengas barbas cuelgan mundos y cometas. En su semblante consta la paz del que todo lo sabe y, por ello, su paciencia es infinita como infinitos son los universos que se mueven dentro de las cuencas de los ojos. Sus labios se separan y brotan las palabras de espuma que caen en cascadas de conocimientos de incomprensible aceptación. La pregunta de Poseidón toma forma en el cerebro del hombre/Delfín y él la traduce... “¿Qué deseas saber?”

 

(El enfermero ve llegar al alba y la ahuyenta. Si el loco descubre al día, podría callar. Ahora, la frazada gris del loco cubre la ventana enrejada. El muchacho se apresta a seguir escuchando. Él también quiere saber...)

 

Él recurre a sus compañeros para que lo ayuden, y ellos ríen en coro con las Nereidas que se burlan de su falta de osadía. Dentro de él comienza la búsqueda y los interrogantes huyen, unos de otros, girando y girando. El mareo trae al desmayo; el sonido de las aletas laterales de los delfines, batiéndose, son los acordes en los cuales despierta queriendo saber. “¿Quién soy? ¿Qué soy?”  

    La gruta es el escenario donde la algarabía se alimenta de cada uno de los presentes. Y él, nutrido de ella, viaja hasta los ojos de Poseidón. Se sumerge en lo profundo y, tras las córneas, descubre un universo que le pertenece, que lo reclama. Convertido en el propio dios navega por la lechosa ruta de polvo cósmico.

    Su espíritu ejerce el libre albedrío al gritarle a la noche de los tiempos la libertad con que él se mueve.

    Las Nereidas ahora son rutilantes estrellas. Desde ellas le llegan unas madejas de fino tramado. Son los hilos de Dios; en ellos se desplazan todos los eventos que nacen de las infinitas variantes incluidas en la Idea Original. Toma una de las puntas que se desprende de la esfera, dejando librado al azar lo que sucede después. Una de las paredes de la gruta se transforma en una cristalina cascada de agua que avanza, suspende o continúa su descenso, al antojo del ritmo con que las Nereidas arrojan los segmentos extraídos del ovillo elegido. Cada uno, al salir de las nacaradas manos, deja escapar unos delgadísimos corpúsculos que, en contacto con el agua, se convierten en una frase. Las letras se quedan como dibujadas en la cascada/pantalla por el tiempo que tarde en comprenderlas.

   

La Idea: principio y final de todo.

El Ente: sinónimo de Uno, igual a la Idea manifestada.

Libre albedrío: potestad de la Idea que el Ente ejerce.

Uno: diferencia temporal que quiebra el candado impuesto por la entropía.

Entropía: camino hacia la Nada.

Nada: contenedor de la potencialidad no manifestada.

Paradoja: razón de ser y única explicación de la existencia del Ente y de su libre albedrío...

 

¡Oh, enfermero! Escucha cuál es mi paradoja. He viajado hasta la profundidad de mi océano. Pero de nuevo, he regresado aquí, desde donde tú sabes... 

 

El loco se acuesta en su camastro. Al apoyar la cabeza, el plato de lluvia se vuelca. Las nubes regresan a los ojos y el loco llora.

 

El loco duerme; el enfermero se acerca y, antes de irse, toma el bollito de servilleta y se lo guarda. Al llegar a la puerta mira al loco y, a sus sueños, le dice... - Jamás me atreví a hundirme en la oscuridad de mi propio océano y, es una deuda pendiente – luego, como explicando a que se refirió, cansinamente y con tristeza en la mirada, abandona al loco para sumarse a la realidad, de las realidades, con que los desquiciados de afuera gobiernan al mundo.  

 


Calificación:  Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 19 votos  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
06/06/09 | 23:24: Nicolàs dice:
El comentario de los comentaristas del comentador(Horacio)- enriqueciendo lo que èl no supo decir - hace que un infeliz goce de un lugar que no merece, .
nicoconi-82@live.com
 
06/06/09 | 23:17: Jaime dice:
Conocì a un Horacio..., amigo de Hamlet - que según algunos críticos representa al público en la obra. El punto de vista de los espectadores, sì se tratarà del mismo..., tendrìa que ser que era un pobre pelotudo. blogs.20minutos.es/bobpop/post/2006/06/12/horacio - En caché - Páginas similares. ¿Se tratarà del mismo?
jaimemarti.91@live.com.mx
 
06/06/09 | 23:06: Segismundo dice:
¡Què bueno! Horacio sî sabe. Èse es un tipo que tiene pelotas. ¿O, acaso, serà el mismìsimo Maradona? Quizàs termine siendo el LOCO de la historia. Aunque no creo,pues èse parece inteligente.
segisjunio-90@live.com
 
06/06/09 | 22:40: Horacio dice:
SI VOS SOS ESCRITOR YO SOY MARADONA
nuestramusicayque@yahoo.com.ar
 
06/06/09 | 15:18: Amalita dice:
El me miró diferente, como si fuera alguien salido de una historia, o quizás de un comic. Ambos nos situamos en el perímetro de la sala, él con su mirada límpida y los ojos color gris, yo, mi mirada torva, con mis ojos color simple marrón. El se movió a la derecha, yo a la izquierda, parecíamos bailar una música silenciosa, sin embargo, a pesar del ritmo, no nos movimos mas. Llegó el enfermero, que nos trae el veneno diario, redondita y color naranja. Simulo tomarla, el gusto es amargo, la meto debajo de la lengua, el otro la traga con fuición, pobre loco pienso, cree todavía en los milagros de la química, mientras me restrego mi pene a traves del pantalón. Relatos de manicomio. Extracto Amalita Rojas.
amalitaro15@yahoo.com.ar
 
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